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¿Qué es?
La apnea obstructiva del sueño es una enfermedad frecuente que se produce cuando, durante el sueño, la vía aérea superior se cierra de forma parcial o completa de manera repetida.
Estas pausas respiratorias provocan descensos de oxígeno, microdespertares y una fragmentación del sueño que impide un descanso reparador.
Aunque muchas personas la asocian únicamente al ronquido, la apnea del sueño puede tener consecuencias importantes sobre la salud cardiovascular, metabólica, neurológica y sobre la calidad de vida diaria.
¿Por qué se produce?
La apnea del sueño aparece cuando existe una tendencia al colapso de la vía aérea durante el sueño. Esto puede deberse a diferentes factores, como el sobrepeso, la anatomía de la vía aérea, la edad, el consumo de alcohol, algunos fármacos, la menopausia o determinadas enfermedades asociadas.
Durante el sueño, los músculos de la garganta se relajan. En algunas personas esta relajación favorece que el paso del aire se estreche o se cierre, dificultando la respiración normal.
Cada episodio puede acompañarse de una caída del oxígeno en sangre y de una reacción del organismo para recuperar la respiración, lo que genera activación del sistema nervioso, aumento de la frecuencia cardíaca y de la tensión arterial, despertares frecuentes y sueño no reparador.
¿Qué es?
La apnea obstructiva del sueño es una enfermedad frecuente que se produce cuando, durante el sueño, la vía aérea superior se cierra de forma parcial o completa de manera repetida.
Estas pausas respiratorias provocan descensos de oxígeno, microdespertares y una fragmentación del sueño que impide un descanso reparador.
Aunque muchas personas la asocian únicamente al ronquido, la apnea del sueño puede tener consecuencias importantes sobre la salud cardiovascular, metabólica, neurológica y sobre la calidad de vida diaria.
¿Por qué se produce?
La apnea del sueño aparece cuando existe una tendencia al colapso de la vía aérea durante el sueño. Esto puede deberse a diferentes factores, como el sobrepeso, la anatomía de la vía aérea, la edad, el consumo de alcohol, algunos fármacos, la menopausia o determinadas enfermedades asociadas.
Durante el sueño, los músculos de la garganta se relajan. En algunas personas esta relajación favorece que el paso del aire se estreche o se cierre, dificultando la respiración normal.
Cada episodio puede acompañarse de una caída del oxígeno en sangre y de una reacción del organismo para recuperar la respiración, lo que genera activación del sistema nervioso, aumento de la frecuencia cardíaca y de la tensión arterial, despertares frecuentes y sueño no reparador.
¿Qué síntomas provoca?
El síntoma más conocido es el ronquido intenso, especialmente si se acompaña de pausas respiratorias observadas por la pareja o familiares.
También puede provocar sueño no reparador, cansancio durante el día, somnolencia, dolor de cabeza matutino, dificultad para concentrarse, irritabilidad, pérdida de memoria, despertares con sensación de ahogo o necesidad de levantarse varias veces por la noche para orinar.
En algunas personas, especialmente en mujeres o pacientes mayores, los síntomas pueden ser menos evidentes y manifestarse como insomnio, cansancio inexplicado, fatiga, bajo estado de ánimo o sensación de sueño de mala calidad.
La apnea del sueño no tratada se ha relacionado con hipertensión arterial, arritmias, enfermedad cardiovascular, ictus, accidentes de tráfico y empeoramiento de enfermedades metabólicas.
¿Cómo se diagnostica?
La sospecha clínica es fundamental. Para ello es importante escuchar los síntomas del paciente, valorar sus antecedentes, explorar la vía aérea y analizar la presencia de factores de riesgo.
El diagnóstico se realiza mediante un estudio del sueño. En muchos casos puede hacerse con una poligrafía respiratoria domiciliaria, una prueba sencilla que permite registrar la respiración, el oxígeno, los ronquidos, la frecuencia cardíaca y los episodios de apnea durante la noche.
En algunos pacientes puede ser necesario realizar una polisomnografía, una prueba más completa que estudia también las fases del sueño y otros parámetros neurofisiológicos.
El objetivo no es solo confirmar si existe apnea del sueño, sino conocer su gravedad, su repercusión clínica y cuál es el tratamiento más adecuado para cada paciente.
¿Cómo se trata?
El tratamiento depende de la gravedad de la apnea, de los síntomas, de las características del paciente y de la presencia de otras enfermedades.
En muchos casos son fundamentales las medidas generales: pérdida de peso si existe sobrepeso, evitar alcohol por la noche, mejorar los hábitos de sueño, abandonar el tabaco y tratar la obstrucción nasal si está presente.
Cuando la apnea es moderada o grave, o cuando existe importante repercusión clínica, el tratamiento más eficaz suele ser la CPAP. Este dispositivo administra aire a presión a través de una mascarilla durante el sueño, evitando el cierre de la vía aérea y mejorando la respiración nocturna.
En casos seleccionados pueden indicarse otros tratamientos, como dispositivos de avance mandibular, terapia posicional, tratamiento de problemas nasales u otras alternativas individualizadas.
El seguimiento es fundamental para comprobar la adaptación al tratamiento, resolver molestias, ajustar la presión o la mascarilla y valorar la mejoría de los síntomas.
¿Por qué es importante tratarla?
Dormir bien no es un lujo, es una necesidad biológica. Un sueño fragmentado y una respiración alterada durante la noche pueden tener consecuencias durante el día y también a largo plazo.
Tratar la apnea del sueño puede mejorar el descanso, la energía diaria, la concentración, el estado de ánimo, la presión arterial y el control de otras enfermedades asociadas.
Además, permite reducir riesgos en situaciones concretas, como la conducción, el trabajo con maquinaria o pacientes con enfermedad cardiovascular previa.
Cada paciente necesita una valoración individualizada. No todas las apneas son iguales, ni todos los pacientes presentan los mismos síntomas o precisan el mismo tratamiento.